GRISÉN Y LOS PUEBLOS DE LA RIBERA DEL JALÓN
LA FÁBRICA


GRISÉN Y LOS PUEBLOS DE LA RIBERA DEL JALÓN
En 1937, esta zona era principalmente agrícola y de regadío, con una economía basada en el trabajo del campo y el aprovechamiento de las tierras fértiles del valle. Estaba atravesada por caminos militares secundarios que conectaban los distintos pueblos y servían como rutas de apoyo y desplazamiento. Además, funcionaba como zona de paso hacia Zaragoza y hacia el frente de Aragón, lo que le daba un valor estratégico dentro del territorio.
El ferrocarril era un elemento clave en 1937. Por la zona pasaba la línea Madrid–Zaragoza–Barcelona, que era una de las principales conexiones ferroviarias del país. Esta línea se utilizaba para el transporte de tropas y suministros, además de mercancías y movimientos logísticos vinculados a la guerra. También cumplía una función de conexión directa con Zaragoza, que actuaba como centro de organización y redistribución. La estación de Grisén ya existía desde el siglo XIX y seguía operativa en este contexto.
El río Jalón y su entorno cumplían una función importante dentro del territorio, tanto desde el punto de vista geográfico como logístico. Destacaban el Canal Imperial de Aragón y los sistemas de regadío históricos que estructuraban la agricultura de la zona. El valle también actuaba como paso natural entre Zaragoza y el interior peninsular. En este entorno se encuentran las conocidas “Murallas de Grisén”, una gran obra hidráulica del siglo XVIII que aún se conserva.
Los pueblos de la Ribera Alta en 1937 eran localidades de carácter agrícola, sin un frente de combate directo cercano. Sin embargo, estaban bajo control militar en la retaguardia del bando nacional y se veían afectados de forma habitual por el movimiento de tropas, los desplazamientos logísticos y las requisiciones de recursos. Bárboles, por ejemplo, limita con Grisén y forma parte del mismo eje territorial del valle del Jalón.