La Escuela de Especialistas de Málaga y su 4.ª promoción (1939-1940)

LA RUTA DE LA ALFALFA

8/27/2026

Los «gurripatos» del Ejército del Aire

Durante los años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil, las calles del barrio malagueño de El Perchel estuvieron estrechamente vinculadas a una institución militar que desempeñaría un papel fundamental en la consolidación de la aviación española: la Escuela de Especialistas de Aviación.

Entre talleres, aulas, dormitorios y dependencias militares repartidas por diferentes puntos del barrio, cientos de jóvenes se prepararon para convertirse en los hombres encargados de mantener en funcionamiento los aviones del nuevo Ejército del Aire.

Aquellos alumnos serían conocidos popularmente en Málaga como los «gurripatos».

La historia de estos jóvenes es también la historia de una época en la que la aviación militar española intentaba reorganizarse después de la Guerra Civil y crear una estructura permanente de especialistas técnicos. Entre todas las promociones formadas en Málaga, la 4.ª promoción, correspondiente al curso 1939-1940, ocupa un lugar especialmente significativo porque fue la primera que desarrolló prácticamente toda su formación una vez terminada la guerra.

El origen de la Escuela

La Escuela de Especialistas de Aviación había sido creada durante la Guerra Civil. La resolución publicada en el Boletín Oficial del Estado el 12 de febrero de 1937 estableció su creación con la finalidad de formar personal especializado para la aviación, incluyendo mecánicos, radiotelegrafistas, armeros y otras especialidades.

Inicialmente se instaló en Tetuán, en el Protectorado español de Marruecos. Sin embargo, las instalaciones no reunían las condiciones necesarias para el desarrollo de una escuela de estas características.

En enero de 1938, el comandante Francisco Iglesias Brage, ingeniero, piloto y observador, recibió el encargo de buscar en Málaga locales adecuados para trasladar la institución.

La elección de Málaga respondía a diferentes factores. La ciudad contaba con una importante infraestructura urbana, buenas comunicaciones y unas condiciones que facilitaban la actividad aeronáutica. Pero, sobre todo, ofrecía la posibilidad de disponer de numerosos edificios y espacios que podían adaptarse a las necesidades de la Escuela.

El traslado convirtió a Málaga en uno de los principales centros de formación técnica de la aviación militar española.

Una escuela dentro de la ciudad

Una de las características más singulares de la Escuela de Especialistas de Málaga fue que no se trataba de un gran recinto militar aislado.

La Escuela estaba dispersa por diferentes instalaciones del entorno de El Perchel y San Andrés.

Las calles Cuarteles, Salitre, Carmen, Arroyo del Cuarto y el Recinto de la Aurora formaban parte del escenario cotidiano de los alumnos. También se utilizaban talleres y dependencias situadas en las proximidades de las antiguas instalaciones industriales y de las playas de San Andrés.

El edificio principal de la Escuela estuvo situado en calle Cuarteles, 57. El Ayuntamiento de Málaga colaboró activamente con la institución, llegando a alquilar edificios para permitir su funcionamiento.

Esta particular distribución hacía que la Escuela estuviese profundamente integrada en la vida de la ciudad.

A primera hora de la mañana, los alumnos recorrían las calles de El Perchel para acudir a las diferentes dependencias. Se dirigían a las aulas, talleres o espacios de instrucción formando parte de un paisaje cotidiano que los vecinos terminarían identificando inmediatamente con la aviación.

La Escuela no estaba detrás de unos muros: estaba dentro de Málaga.

Los primeros cursos malagueños

El primer curso desarrollado en Málaga comenzó el 11 de marzo de 1938.

La primera promoción contó con 429 alumnos, distribuidos entre mecánicos, montadores, armeros y radios. Las instalaciones de calle Cuarteles todavía no estaban completamente acondicionadas, por lo que inicialmente los alumnos fueron alojados en el Campamento Benítez y en el Cuartel de la Aurora. Posteriormente se trasladaron al edificio de la Escuela.

La formación combinaba desde el principio dos componentes inseparables: el aprendizaje técnico y la instrucción militar.

Los alumnos debían aprender un oficio especializado, pero también adquirir la disciplina y preparación necesarias para integrarse en las unidades de aviación.

Durante la guerra, la necesidad de especialistas había sido urgente. Mecánicos, armeros, radiotelegrafistas y montadores eran imprescindibles para mantener operativa una fuerza aérea sometida a una intensa actividad.

Después de abril de 1939, la situación cambió.

La Escuela tuvo que adaptarse a las necesidades de una aviación que ya no estaba en guerra y que comenzaba a organizarse como una institución militar permanente.

La creación del Ejército del Aire

El final de la Guerra Civil coincidió con una transformación fundamental de la aviación militar española.

En 1939 se creó oficialmente el Ejército del Aire, y la antigua estructura de guerra tuvo que transformarse en una organización permanente.

En ese nuevo escenario, la formación de especialistas adquirió todavía mayor importancia.

Un avión militar no dependía únicamente de su piloto. Cada aparato necesitaba mecánicos, electricistas, especialistas en radio, armeros y montadores.

El especialista era, en muchos sentidos, el hombre que hacía posible que el avión estuviera preparado para volar.

La documentación histórica del Ejército del Aire destaca precisamente el papel de la Escuela como centro de formación de este personal técnico.

La 4.ª promoción: 1939-1940

En este contexto comenzó el 4.º Curso de Especialistas, una promoción especialmente significativa porque su formación se desarrolló ya después de finalizada la Guerra Civil.

La convocatoria estableció 530 plazas, distribuidas de la siguiente manera:

EspecialidadPlazasMecánicos motoristas 150, Montadores 50, Radios 150, Electricistas 80, Armeros 100,Total 530

El curso comenzó oficialmente el 5 de octubre de 1939.

La distribución de plazas permite comprender las necesidades técnicas que tenía la nueva aviación española.

Los mecánicos motoristas constituían uno de los grupos más numerosos. Los motores de los aviones de aquella época exigían un mantenimiento constante y especializado.

Los radios ocupaban igualmente una posición importante, pues las comunicaciones constituían una parte esencial de la actividad aeronáutica.

Los armeros se encargaban de los sistemas de armamento de los aviones, mientras que montadores y electricistas cubrían otras necesidades fundamentales de mantenimiento.

Una promoción de transición

La 4.ª promoción fue una promoción de transición.

Los primeros cursos de Málaga habían sido creados bajo las necesidades inmediatas de la guerra. El 4.º Curso, en cambio, se desarrolló cuando el conflicto ya había terminado.

Esta circunstancia tuvo consecuencias en la duración de la enseñanza.

La documentación de la Escuela señala que, al haber terminado la guerra, ya no existía la misma urgencia por formar especialistas, por lo que el curso pudo prolongarse durante aproximadamente nueve meses.

El curso terminó a finales de junio de 1940 y los alumnos realizaron la Jura de Bandera el 3 de julio de 1940.

El cambio respecto a los cursos de guerra era importante.

La prioridad ya no era formar rápidamente hombres que pudieran incorporarse a una unidad en plena campaña. Se trataba ahora de crear una plantilla estable de especialistas técnicamente preparados para sostener una fuerza aérea permanente.

Mecánicos, radios, armeros y electricistas

La diversidad de especialidades refleja el grado de complejidad que estaba alcanzando la aviación.

Mecánicos motoristas

Los mecánicos constituían uno de los pilares de la Escuela.

Su responsabilidad estaba relacionada con el mantenimiento y reparación de los motores aeronáuticos. Un fallo mecánico podía significar que un avión no pudiera despegar o, peor aún, que su tripulación estuviera en peligro durante el vuelo.

La formación exigía conocimientos de mecánica, funcionamiento de motores, mantenimiento y reparación.

Radios

La radio había adquirido una importancia extraordinaria durante la década de 1930.

La comunicación entre los aviones y las estaciones terrestres era fundamental para las operaciones militares. Los especialistas en radio debían conocer los equipos y sistemas de comunicación instalados en los aparatos.

Armeros

Los armeros se encargaban de mantener y preparar el armamento de los aviones.

La experiencia de la Guerra Civil había demostrado hasta qué punto el armamento y su mantenimiento eran elementos esenciales de la aviación de combate.

Electricistas

La creciente incorporación de equipos eléctricos a las aeronaves hacía imprescindible disponer de personal especializado.

Los sistemas eléctricos intervenían en diferentes componentes del avión y requerían técnicos capaces de localizar averías y efectuar reparaciones.

Montadores

Los montadores completaban el conjunto de especialistas destinados a mantener los aparatos en condiciones operativas.

Su trabajo estaba relacionado con el montaje y mantenimiento de diferentes componentes y estructuras de los aviones.

Formación técnica y disciplina militar

El alumno de la Escuela de Especialistas no era simplemente un estudiante de mecánica.

La formación tenía un marcado carácter militar.

La jornada combinaba las clases profesionales con instrucción militar, ejercicios físicos, formación y actividades propias de una unidad de las Fuerzas Armadas.

Los alumnos debían aprender a manejarse en dos mundos simultáneamente: el del taller y el del cuartel.

Por una parte tenían que familiarizarse con motores, herramientas, equipos eléctricos, armamento o sistemas de radio. Por otra, debían adquirir los hábitos de disciplina, puntualidad, jerarquía y obediencia propios de la institución militar.

Esta combinación explica la personalidad característica de los especialistas formados en Málaga.

El Perchel como escenario

La presencia de la Escuela transformó durante años el entorno de El Perchel.

El barrio era entonces uno de los sectores populares e industriales de Málaga. Sus calles estaban próximas a instalaciones ferroviarias, talleres, fábricas y actividades portuarias.

En ese ambiente se desarrolló una institución militar de carácter eminentemente técnico.

El contraste debía resultar llamativo.

Por las calles transitaban grupos de jóvenes uniformados mientras en los talleres se trabajaba sobre motores y equipos aeronáuticos. En otros puntos se desarrollaba la instrucción militar.

La Escuela acabó formando parte de la identidad del barrio.

Y fue precisamente en este contexto donde nació el sobrenombre de «gurripatos», con el que los malagueños identificarían a los alumnos de la Escuela.

La vida cotidiana de los alumnos

La documentación histórica permite reconstruir una vida marcada por la disciplina y, al mismo tiempo, por las dificultades materiales propias de la España de posguerra.

Los alumnos vivían y estudiaban en unas instalaciones que todavía estaban en proceso de consolidación.

La Escuela necesitaba aulas, dormitorios, talleres, comedores y espacios de instrucción, y buena parte de estos servicios se encontraban repartidos por distintos edificios.

La situación fue mejorando progresivamente.

La institución continuó creciendo durante los años siguientes y llegó a disponer de nuevas instalaciones para dormitorios y otras necesidades.

En 1943, por ejemplo, se alquiló un nuevo edificio situado entre las calles Salitre y San Andrés para mejorar las condiciones de alojamiento.

La Escuela se iba convirtiendo poco a poco en una institución estable.

El significado de la Jura de Bandera

Para los alumnos de la 4.ª promoción, el 3 de julio de 1940 representó el final de una etapa.

Después de meses de formación técnica y militar, la Jura de Bandera simbolizaba su incorporación plena a la institución.

El alumno dejaba atrás la condición de aspirante para convertirse en especialista formado.

Era también el momento en que la Escuela demostraba su verdadera finalidad: proporcionar al Ejército del Aire personal técnico capaz de incorporarse a las unidades y mantener sus medios aéreos.

La importancia de aquella ceremonia no era únicamente simbólica.

Detrás de ella comenzaba la vida profesional de cientos de especialistas que pasarían a trabajar en aeródromos, unidades y establecimientos aeronáuticos.

La Escuela en los años cuarenta

La 4.ª promoción fue solamente una etapa dentro de una trayectoria mucho más larga.

La Escuela continuó formando especialistas durante toda la década de 1940.

Los cursos sucesivos incorporaron nuevas generaciones de mecánicos, montadores, radios, electricistas y armeros. La institución fue evolucionando al mismo tiempo que lo hacía la propia aviación española.

Los avances tecnológicos obligaban a actualizar constantemente los conocimientos de los especialistas.

La aviación de 1940 no era ya la misma que la de 1930, y durante los años siguientes aparecerían nuevos sistemas, nuevos motores y nuevas necesidades técnicas.

La Escuela tuvo que adaptarse a ese proceso.

El final de la etapa malagueña

La presencia de la Escuela de Especialistas en Málaga se prolongó durante más de una década.

Finalmente, en 1950, la institución fue trasladada a León. El traslado puso fin a una etapa fundamental de la historia aeronáutica malagueña. Pero la huella de la Escuela permaneció.

Durante años, generaciones de antiguos alumnos conservaron el recuerdo de Málaga y del barrio de El Perchel.

Los «gurripatos» habían formado parte de la vida cotidiana de la ciudad y habían creado una relación muy particular entre Málaga y la aviación militar. Una escuela fundamental para la aviación española

La historia de la Escuela de Especialistas de Málaga es, en realidad, la historia de una profesión.

Los pilotos ocupaban el lugar más visible de la aviación, pero detrás de cada vuelo existía un grupo de hombres cuyo trabajo resultaba imprescindible.

Mecánicos, radios, armeros, electricistas y montadores eran quienes revisaban los motores, comprobaban los equipos, mantenían las instalaciones y preparaban los aviones.

La 4.ª promoción, formada entre 1939 y 1940, representa especialmente bien ese cambio entre la aviación de guerra y la aviación militar de la posguerra.

Sus 530 plazas, distribuidas entre cinco especialidades, muestran el esfuerzo realizado para crear una estructura técnica permanente.

Su formación, desarrollada en las calles y talleres de El Perchel, constituye además un episodio singular de la historia urbana de Málaga.

Durante aquellos meses, la ciudad fue escuela, cuartel y taller aeronáutico.

Y cuando los alumnos de la 4.ª promoción juraron bandera el 3 de julio de 1940, terminó uno de los primeros capítulos de la historia de una institución que todavía continuaría durante otra década en Málaga.

La Escuela desaparecería finalmente del paisaje malagueño en 1950, pero el recuerdo de aquellos especialistas —los «gurripatos»— quedó ligado para siempre a la ciudad.